Byung-Chul Han y los síntomas del tiempo
Recientemente, el pensador surcoreano Byung-Chul Han ha sido premiado con el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Y sí, le denomino pensador no con el propósito de escarnecerle o denostarle, todo lo contrario, a Byung-Chul Han no puedo considerarle un filósofo de primer orden, más bien un ensayista con mucho talento, un divagador del cansancio cuyos escritos se adaptan por estilo, por su brevedad y claridad, a nuestros tiempos de inmediatez.
Quizás por eso sea un autor tan leído y divulgado: sus ensayos delatan con maestría algunos lúcidos diagnósticos de nuestro tiempo presente. Nos recuerda constantemente la importancia de los rituales, de la meditación, del detenerse un momento… tan solo a contemplar. Y el valor del aburrimiento y la templanza.
El primer libro de Byung-Chul Han que confronté fue “En el enjambre”; a este le siguieron otros tantos: “La agonía del Eros”, “La sociedad del cansancio”, “Hiperculturalidad”, “La sociedad paliativa”, “Buen entretenimiento”.
En todos ellos hay un seguido de lugares comunes: las consecuencias de la aceleración en un tiempo en que solo, desnudamente, nos obligamos a explotarnos en pos del rendimiento, y nos creemos libres a pesar de ello; la falta de privacidad que torna a los individuos desvergonzados voyeurs; la carencia de civismo y respeto por el prójimo; el narcisismo que de aquí emana; el dominio del neoliberalismo ya no de la fuerza física, sino de la espiritual y psicológica (con los consecuentes problemas de salud mental cada vez más extendidos); y así, el despojo de la vida, la expropiación de la existencia, a favor de los guarismos, la tecnología, las fauces del algoritmo.
Byung-Chul Han tiene algo de místico a la par que de filósofo, ya que sus juicios tienen regustos del pensamiento de Heidegger, de Hegel, de Arendt, de Walter Benjamin… a veces de Foucault, o Derrida, mezclado con cristianismo (ya que es católico declarado) y budismo (por sus orígenes culturales). Juicios muy pertinentes a mi juicio.
El síntoma epocal, según lo identifica Byung-Chul Han, es que esa negatividad que caracterizaba a las sociedades disciplinarias —aquellas marcadas por normas intrincadas— se ha sustituido por un buenismo happy flower que, sin embargo, sigue ocultando los mismos mecanismos de dominio, solo que esta vez los hemos naturalizado y aceptado. Y es que la miel atrae más que la bilis.
Del hospital, el cuartel, la prisión, la escuela y la fábrica, a los gimnasios, las redes sociales, los centros comerciales, las oficinas y las mentorías motivacionales. Una carita sonriente recubre las dinámicas sociales. No hay prohibición como tal, sino el imperativo del “deber hacer”. Del obrero al emprendedor. De la disciplina y el control al rendimiento. Es justamente ese exceso de positividad el que arrebata a los sujetos su soberanía.

Byung-Chul Han, a esta sociedad acelerada y exigente, pone como contrafuerte aquella parte divina del hombre, aquella parte que se ha ido perdiendo a medida que la civilización del confort estandarizado y tecnológico iba ganando terreno. Se trata de revitalizar la vida más allá del orden de la producción y el trabajo, del montaje viral, insulso, volátil, fugaz, por ende, un retorno a lo más deslumbrante del ser humano, a la actividad en lugar de a la pasividad (fenómeno que hace de la existencia tránsito efímero).
Una superación de esos cuidados paliativos que nos brindan las big tech, el mercado, el placer y el entretenimiento; productos que nos anestesian y nos hacen que lo que era pleno, se torne vacuo y contingente.
Las pequeñas cosas… al margen del barbitúrico me gusta.
Byung-Chul Han, personalidad meditativa, autor leído en multitud de circunstancias y lenguas, da claves de la época presente, y nos recuerda que, a pesar de todo, somos humanos, no carne maleable a golpe de algoritmos, comunicación total o Inteligencia Artificial. Un poco de dolor como la carga de un barco para mantenerse a flote. Un poco de aburrimiento para invocar inspiración y gracia. (Porque la misma felicidad, como obligación y anhelo, se ha tornado mercancía optimizada).
Damos gracias a Byung-Chul Han por el oasis que suponen sus obras. Por la lucidez con que presenta sus ideas. Esperamos que siga siendo fuente de placidez para quienes buscan respuestas en una realidad tan difusa como la nuestra.






