Serial Experiments Lain: cyberpunk y profecía
Imaginad un futuro en el cual los límites entre internet y realidad circundante han desaparecido, donde los avances tecnológicos de la informática se han entremezclado con la paranoia, la conspiración y la distorsión; imaginad un zombi que os agarra la garganta y os asfixia con deudas y condiciones de vida paupérrimas a la vez que os promete que os vais a divertir hasta morir, que vais a estar siempre conectados pero siempre solos en una especie de soledad compartida y computacional; imaginad una lenta cancelación del futuro y un presente siempre presente factible en su incapacidad de cambio. Imaginad que en 1998 alguien imaginó ese futuro que es nuestro presente y lo condensó en un anime de 13 episodios.
Si Serial Experiments Lain importa no solo es por esa estética melancólica de la ciencia ficción de los años noventa —similar a Neon Genesis Evangelion—, sino porque consigue encapsular la soledad, la alienación, el aislamiento, la histeria conectiva y comunicacional de un modo brillante; pero mientras entonces se trataba solo de una hipótesis, hoy tales profecías se han cumplido. Se trata, pues, de un vaticinio cyberpunk plagado de fantasmagorías y espectros depresivos, orbitando en fragmentos de ciberespacio.
La atmósfera del anime ya nos encierra en un mundo opresivo: es característico el sonido soporífero del cableado eléctrico, las ciudades abarrotadas, el ruido de los ordenadores encendidos, la ruptura entre personas y una histeria maquinal esquizofrénica creciente, la desolación de las distancias sin distancia, y unas pantallas que absorben el cosmos y las multitudes y las traducen en información y las vomitan inútilmente. Hoy esto es parte de nuestra nueva (y no tan nueva) (a)normalidad. Todos estamos condenados a estar conectados permanentemente.
Ya escribía Jean Braudillard en 1987 en su ensayo “El éxtasis de la comunicación”, incluso mucho antes de que el mundo se aplanase en la pantalla del smartphone: “Ni trascendencia ni profundidad, sino superficie inmanente del desarrollo de las operaciones, superficie lisa y operativa de la comunicación. […] todo el universo que nos rodea e incluso nuestro propio cuerpo se convierten en pantalla de control”.
Y esta máxima es lo que de manera a veces obscena y nauseabunda representa Serial Experiments Lain empleando una narrativa fragmentaria, saltimbanqui, extraña, psicotrópica, capaz de insertarnos en un mundo atravesado de una lógica informática cada vez más invasiva.
No por nada, Lain Iwakura, la protagonista homónima del anime, hoy en redes sociales —entre algunos adeptos— simboliza la sensación de dejar de sentir el propio cuerpo (transformado en simulacro informacional) y de la apetencia por el control y la comunicación. Esta joven, adolescente e introvertida, es consciente que, en realidad, no existen fronteras entre el mundo virtual y el “real”; y como una esquizofrénica, cuanto más contacto tiene con la “Wire” (un internet ficticio) más van surgiendo de ella otras personalidades que se difuminan por la red como manías virales.

Serial Experiments Lain pone sobre la mesa la hostilidad de la comunicación perpetua mientras profetiza nuestro presente nítida y lúcidamente
En 1998 —un mundo aún televisivo, analógico, indiferente, autista y pasivo como un consumidor de heroína— tales representaciones se veían como un delirio de la ciencia ficción (o la fantaciéncia), sin embargo, en nuestro presente no seríamos tan ingenuos de creer lo mismo que entonces; que a diario las interfaces son parte de nuestro escenario cotidiano; que ya no hay más “real”, sino un conjunto de publicidad leprosa y logotipos con sensibilidad táctil flotando en las pantallas de nuestros móviles; y un universo entero de no-cosas y un futuro cerrado y vendido por la precariedad y la falta de oportunidades (mientras a todos los niveles científico-técnicos e industriales-militares no se dejan de crear avances sin precedentes, y un imparable eje de pan y circo ubicuo y psicofármacos para paliar la sensación de vértigo y vacío; una jouissance aleatoria y vertiginosa).
Y con la aparición de la IA este aura de comunicación, falsedad y simulacro se ha agravado hasta extremos en que parece que nada existe. La propia Lain Iwakura, bien podría ser un programa informático que ha adquirido conciencia propia y se ha convertido en un dios. Un dios con pijama de oso, introversión, pero, ¿quién no es dios omnipotente y omnipresente en internet? Asqueroso pensar que todo y todos estamos ubicuamente disponibles 24/7 los 365 días del año y por toda la eternidad. O que podríamos ser un subproducto de la IA y víctimas de la analfabetización creciente.
Serial Experiments Lain pone sobre la mesa la hostilidad de la comunicación perpetua mientras profetiza nuestro presente nítida y lúcidamente. Un presente cyberpunk, prostético, alienante a la vez que extático. Un presente que cancela todos los futuros posibles y donde el tiempo se torna anacrónico. Porque incluso hoy, Serial Experiements Lain, se ve retro y pasado en su estética, pero actual en su mensaje.





