Barroco, neobarroco, pop barroco
Pop barroco: suena raro.
La primera vez que se habla a las claras de pop barroco es alrededor de 1966 con el single “Walk Away Renée” y su cara B “Pretty Ballerina”, de la banda The Left Banke. Barroco ya es un concepto escurridizo, de los más intrincados de la historia del arte; coloquialmente, barroco denota una estética recargada, emocionalmente intensa, aunque en sus inicios, el término, significaba algo así como “perla irregular”; además, hablar de “barroco” bien entrado los años sesenta del siglo pasado (aunque sea mezclado con el pop de la época), suena anacrónico, ¿verdad? Pues no exactamente.
Eugeni d’Ors planteaba que “Lo Barroco” es una constante estilística, un eon que sobrevuela los periodos, un estilo de cultura (a diferencia del “estilo histórico”) que no se encasilla entre los siglos XVII y XVIII; con todo, Barroco se contrapone a Clásico: clásicas serían unas formas bien definidas, abigarradas, equilibradas, pesadas, mientras que Barroco sería flotante, áureo, sin acotaciones (otros autores lo han considerado excesivo y recargado, cuando no una estética de lo feo).
Estas dos modalidades Clásico/Barroco estarían en cada periodo y tiempo en constante lucha: a un estilo equilibrado le sucede uno extremo para luego dar un pendulazo nuevamente hacia el equilibrio, y así sucesivamente. Omar Calabrese, en su idea de “neobarroco”, desde una perspectiva semiótica, queriendo definir la época al margen del manido término “postmodernidad” (Omar Calabrese sugiere que postmoderno es un eslogan, un “look”, una concesión por la que no tiene especial aprecio).
Considera que “barroco” es operatorio por “analogía”. Barroco puesto en nuestro tiempo, aquí y ahora, es remojarse en aguas diferentes al barroco genuino puesto en su época (mutatis mutandis). Igualmente, Calabrese, considera (como d’Ors) que Barroco es una oposición a Clásico. Neobarroco, por resumir lo que se viene diciendo, sería el gusto o sensibilidad de nuestra época en marcha: perdida de integridad (prefiere el detalle y el fragmento antes que la totalidad), inestabilidad y cambio brusco, límite, exageración y exceso, enredaderas estilísticas, serialidad y repetición. Neobarroco es un paralelismo con aquel Barroco conocido, pero solo mantienen un parentesco de carácter parejo.
Todo lo embrolla el término que Calabrese pone sobre la mesa. Igualmente los eones que recorren el arte, flotando y trastabillando el estilo clásico. ¿Barroco o neobarroco podría ser el cubismo o el ultraísmo o el dadaísmo o el creacionismo o el situacionismo o cualquier manifestación de vanguardia? ¿Lo fueron las greguerías de Ramón Gómez de la Serna? ¿Y las series más burdas y precocinadas de Netflix lo son? ¿Bob Esponja, con sus extravagancias y deformaciones, podría serlo? ¿Una canción de Rosalía, y sobre todo, su trabajo más reciente? ¿Los videojuegos? ¿Las llamadas “novelas gráficas”? ¿Los cómics? ¿Incluso las puestas en escena de grandes empresarios o jerarcas políticos?
Resulta en un término demasiado permeable para cualquier manifestación cultural del presente. Porque el rock y el pop, sin presentar aspectos “barrocos” explícitos, son un resultado bastante barroco: véase, por ejemplo, a los Beatles de la segunda generación (por poner una frontera, a partir del “Sgt. Peppers”), o a Elton John, a Freddy Mercury (claramente, “Bohemian Rapsody”), a Kiss, a los Sex Pistols, a Twisted Sister, a Europe, al mismo Michael Jackson, a The Cure y Sisters of Mercy, ¿y por qué no Siniestro Total o Los Inhumanos?, y a tantos y tantos otros que me sería imposible citar por no excederme en extensión.
Entonces: ¿qué hace al pop barroco ser “barroco”? Hay ciertos elementos: los coros eclesiásticos, el uso de secciones de vientos y de cuerda frotada, la aparición del clavicémbalo y el órgano, los contrapuntos, algunas armonías y fraseos. Estos ingredientes podían pasar por “barrocos” (de nuevo, mutatis mutandis). Si comenzamos a citar temas, pues existe una lista exquisita. Creo conveniente empezar por los Beach Boys: su canción “Lady Linda” comienza con un arreglo de una reconocida pieza de Bach: “Jesus bleibet meine Freude”, interpretada en clavicémbalo. Otras canciones serían “Our Prayer”, “Wonderful” (ambas del nunca aparecido “SMiLE”, álbum que se hubiese convertido en leyenda), por supuesto “God Only Knows”, y seguro que otras que olvido. Brian Wilson, en más de una ocasión, ha citado a Bach como una de sus principales influencias (“California girls” tomaría inspiración de motivos de algunas piezas de Bach).

De The Who, ni que decir: dos óperas rock (“Tommy” y “Quadrophenia”) y dos óperas rock breves (“A Quick One While He’s Away” y “Rael”). Y la inacabada y magnífica “Lifehouse”, que no podemos olvidarla. El término “ópera” ya nos remite a una forma propia de la música clásica, por supuesto, ópera rock difiere de aquellas óperas que han marcado la historia de la música: en un principio, las óperas rock se trataban más de “conceptos” que de narraciones bien definidas, por supuesto, no se pensaron para ser representadas (carecen de elementos que las convertirían en ese “arte total” que Wagner quiso).
En lo referente a nuestro tema, barroco encontramos en canciones como “Heinz Baked Beans”, “Silas Stingy” y “Sunrise” (todas del álbum “The Who Sell Out”). En los Rolling Stones también encontramos algo de barroco más allá del descarnado rock y blues clásico (con Brian Jones vivo, claro): lo tenemos en “Lady Jane”, incluso en “She’s a Rainbow”. Y en los Beatles: “Eleonor Rigby”, “She’s leaving home” y “Piggies”, principalmente.
Las mencionadas son algunas de las más populares manifestaciones. Claro que no voy a quedarme en lo más conocido y me gustaría profundizar. Mike Oldfield sería un ejemplo más que auténtico de pop barroco: ¿acaso no es barroco algunas secciones de “Tubular Bells”, o “In Dulci Jubilo”, o “Wrekorder Wrondo” (no la muy viciada “Moonlight Shadow”, demasiado recurrente en Rock FM). Aunque parezca mentira, también Pink Floyd tiene canciones que pasan por pop barroco, quizás no tan conocidas, como “Julia Dream” (una injusta cara B).
Pink Floyd, en sus inicios, poseía elementos cercanos a la música de cámara y al folk, luego, con el despertar lisérgico, estos se fueron perdiendo. ¿Qué tal “In-A-Gabba-Da-Vida”? ¿O “Veridis Quo”, de Daft Punk? Algunos trabajos de Current 93, ¿también pasarían por pop barroco? Menos conocidos, pero The Merseys presentaron una versión del tema “So Sad About Us”, de The Who, que es una genuina manifestación de pop barroco en su dimensión más autentica.
David Bowie también cuenta con algunas manifestaciones de pop barroco. Si prestamos atención a su álbum debut y homónimo (álbum que pasaría desapercibido como banda sonora de películas como “Sor Citroën”, “Jenaro, el de los 14” y “Abuelo made in Spain”), nos encontraremos con canciones como “Rubber band”, “Love you till tuesday” y “Sell me a coat” que guardan algunos rastros (aunque pasajeros y sigilosos). Cuesta creer que David Bowie, antes de ser un marciano asexuado, un astronauta perdido en el espacio, un duque cocainómano alemán, el rey de los goblins y otros tantos alter egos rocambolescos, hubiese sido un tory.
Excepto en los Beach Boys que explícitamente sí poseen una influencia directa de Bach, el resto solo guardan vagas reminiscencias. Lo barroco puesto en su época, no fue consciente de sí mismo. Lo barroco puesto en el pop de los años sesenta, es una divertida convención. Toma unos elementos que pueden pasar por barrocos, pero los pone en el contexto de la psicodelia y la electricidad.
El pop barroco es una dosis de sofisticación, creatividad, elevación, dentro del mundillo del pop; un dulce anacronismo.





