Un retrato lírico
Anemoia: nostalgia por una época o un tiempo que nunca se ha vivido, un sentimiento de añoranza por un pasado imaginado o conocido a través de historias, películas, música o fotografías.
Su fotografía…
Su imagen…
Aún paralizada en los mismos movimientos…
fotograma tras fotograma.
Bien podría haberla cincelado un escultor, pero fue carne de celuloide. No extraña que su figura nos quiera regresar a la década de los sesenta; no extraña que aún la veamos con aquel curioso jersey canturreando “New York Herald Tribune!”. Porque su mismo rostro es como una canción tenue… tenue… muy tenue… todo calma y laxitud. Un cigarrillo y un sombrero. Una habitación para dos personas. Jean Seberg. Sí; aquel cabello rubio y aquellos ojos y aquel talle… aquella juventud siempre presente y sin aliento; sin escapada.

Jean Seberg. Jean Seberg. Bares oscuros donde se celebran fiestas y Cadillacs brillantes. Todo alma y cuerpo. Todo vestidos coloridos, faldas, zapatos, gafas de sol… y los pasos… los pasos… los pasos… los pasos… la huida de las horas prodigadas en las calles. Luz. Oscuro. Luz. Oscuro. Su figura bañada de nostalgia. Su pobre sonrisa diluida en películas para el solo recuerdo.
Silueta. Voz. Silueta. Voz. “New York Herald Tribune!”.
Soplo de otra época.
Ahora tan clara. Jean Seberg. Como un recuerdo no vivido y apenas vislumbrado. Jean Seberg. (“New York Herald Tribune!”). Toda un suspiro y un fluir que se va meciendo claramente y huye. (“New York Herald Tribune!”). Fuiste musa agradable y esbelta, gracia yanki con un poco de francesa. Eres como un espejo en el que mirarse; lluvia y haz de sol. Ciega de palabras. (“New York Herald Tribune!”).
Jean Seberg. Recuerdo encarnado siempre viviente. Jean Seberg… Jean Seberg… (Sueñas, y sueñas, y sueñas… y de sueños te ensombreces).




