015 – El ocaso de Georg Trakl

Club de los 27

Georg Trakl, a los veintisiete años...

Veintisiete años, se lo llevaron con tan solo veintisiete años… Sí; perteneció a esa dudosa estirpe de muertos prematuros: “Oh, él ángel negro, que furtivo salió/ del interior del árbol,/ cuando éramos dulces compañeros de juego en la tarde,/ al borde de la fuente azulada”. Y tantos otros con él: Mariano José de Larra, Kurt Cobain, Amy Winehouse, Jim Morrison, Brian Jones, Janis Joplin… Solo que él, Georg Trakl, perteneció a otra época, a otro ambiente e imperio. Fue leyenda antes de la leyenda de los veintisiete, antes que fundaran el mito aquellos artistas del rock. 

Georg Trakl nació en Salzburgo, en pleno seno del Imperio austrohúngaro. Su infancia pasó por ser del todo normal y alegre. Unos padres poco estrictos y liberales (la madre algo sombría), una casa amplia, una vida burguesa, clases de piano y días felices en la escuela. Pero esta primavera de la niñez pronto entenebreció. En la pubertad cambió de una personalidad abierta y jovial, a una huraña y retraída. Comienza el ocaso.

Las experiencias con drogas tales como el cloroformo y la cocaína se suceden; lo dionisíaco se alimenta en su alma. La amenaza de suicidio se cierne. Y, por aquellos años, es cuando debió empezar su relación incestuosa con su hermana Grete, acontecimiento que le marcaría profundamente. Muchacho cargado con una fuerte sensibilidad, sentía predilección por los compositores románticos, como Chopin, Liszt, Wagner, y autores como Hölderlin, Poe, Heine, Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, Hofmannsthal y Nietzsche. 

Su trayectoria literaria se vio cercada de temblores. El primer drama que estreno, “Día de difuntos”, fue un éxito entre el público, sin embargo, la crítica estuvo dividida; el segundo, “Fata Morgana”, fue un estrepitoso fracaso que hizo que Georg Trakl quemase todo rastro y se desahogara con la droga. En aquellos días publica poemas en algunos periódicos. Pero ni por asomo pudo dedicarse del todo en cuerpo y alma a su arte.

No muy brillante en los estudios, suspende matemáticas, latín y griego y debe repetir algunos de los exámenes. En 1905 empieza a trabajar en “El ángel blanco” —nombre sugerente para una farmacia donde se comercia con cocaína—, allí, con tantas sustancias psicoactivas, medrará en su drogadicción. Y alrededor de 1909, sedujo a su hermana-amante, Grete, a la droga y se tornaría adicta, hábito que no abandonaría nunca. En 1910, Georg Trakl, obtendrá el título de farmacia y comenzará el servicio militar obligatorio (verbigracia, la “mili”), con lo cual se le destinaría a una unidad del cuerpo sanitario del ejército. 

Georg Trakl
Georg Trakl

Aquellos años eran de todo menos tranquilos; en Europa se preparaban a fuego lento las convulsiones de la Primera Guerra Mundial. Entre tanto, las vanguardias artísticas y literarias seguían en boga. Georg Trakl publicó en algunas de aquellas revistas que apostaban por jóvenes promesas, sin embargo, jamás pudo prosperar con su trabajo literario. Tuvo que llevar esa doble vida del que, por un lado, sostiene su arte entre oscilaciones, y por otro, detenta un empleo que le da de comer. Pero no parecía que la vida burguesa estuviese hecha para Georg Trakl.

Obtuvo en Viena un puesto en la administración pública al cual renunciaría a las dos horas de haber iniciado el servicio; luego regresó a su ciudad natal. Y en 1913 publica su primera colección de poemas; ya por entonces, drogadicto y alcohólico, sufre de continuas crisis depresivas que le impedirán mantener un puesto laboral estable. Entonces, Georg Trakl se marcha a Berlín para reencontrarse con Grete, su hermana-amante, recién divorciada e internada en un sanatorio después de que un aborto la hubiese dejado anímicamente baldada. Empieza el declive final. 

En 1914 estalla la Gran Guerra. A Georg Trakl lo destinan con el cuerpo de sanitarios. En la batalla de Grodek, a la que dedicaría un poema: «Ah orgulloso duelo! vuestros metálicos altares,/ la caliente flama del espíritu alimenta hoy un violento/ dolor, al vástago nonato«; su depresión y nerviosismo se agravaría por todo el fluir de atrocidades que tuvo que confrontar. Solo, sin medicinas apenas, tuvo que atender a decenas de soldados o a los fragmentos que quedaban de ellos.

En la retirada de las tropas de Grodek, sus compañeros impedirán su suicidio y le acabarán internando en un hospital psiquiátrico. No pudiendo resistirlo más, el 3 de noviembre de 1914, Georg Trakl pondrá fin a su vida mediante una sobredosis de cocaína.

Una vida tan corta como trepidante; entre la introspección, el exceso, la autodestrucción y la genialidad. Los paisajes de sus versos, aunque hubo una primera etapa luminosa, fueron tan lúgubres como su existencia.

Recurrentes son los yermos, los árboles tenebrosos, las figuras deformes; la identificación con personajes marginales como fulanas, locos, gitanos, pobres; una mezcla de fervor nihilista, ateo y anticlerical con unas fuertes dosis de piedad cristiana, insondable… Diremos que expresionista y maldito. Versos que rozan los trazos de las obras de Edvard Munch o de Alfred Kubin. Silente arroyo de esas ciudades crepusculares, donde silba el murmullo lóbrego de sus habitantes, de sus iglesias leprosas y de sus otoños en sombra. 

Se van dibujando estrofa a estrofa esas revelaciones y esos ocasos. Y el camino se cierne de ramas afiladas y desnudas. Georg Trakl representó la continuidad de la flor azul de Novalis en la poesía expresionista (por decirlo de alguna forma).

Aún joven, Dios mío, se lo llevaron a los veintisiete años. 

Este sitio web utiliza cookies para mejorar su experiencia de navegación y asegurar el correcto funcionamiento del sitio. Al continuar utilizando este sitio, reconoce y acepta el uso de cookies.

Aceptar todo Aceptar solo las requeridas